Un informe de Focus Market revela que pedir comida a domicilio se volvió un hábito estructural en la ciudad, aunque la inflación redujo la capacidad de compra un 12% anual.
A pesar de que los salarios subieron nominalmente, la suba acelerada en los precios de las aplicaciones genera que el sueldo rinda cada vez menos para resolver las cenas a través de las plataformas digitales.
En las zonas comerciales de Rosario, los valores de productos clásicos como la pizza o el helado han escalado por encima de los ajustes paritarios. Por ejemplo, una hamburguesa que antes se pagaba a valores accesibles, hoy ronda los 15.000 pesos, limitando la frecuencia con la que las familias pueden acceder a este servicio de mensajería y logística.
Por otro lado, la situación de quienes circulan en moto o bicicleta por las calles rosarinas es preocupante. Para no caer bajo la línea de pobreza, un repartidor necesita realizar al menos 18 entregas diarias sin descanso. La mayoría utiliza la aplicación solo como un ingreso complementario debido a los altos costos operativos como la nafta y el seguro.
La realidad del sector refleja una tensión económica que afecta tanto al consumidor como al trabajador independiente en toda la región. Sin un equilibrio entre precios y salarios, el hábito del delivery podría retroceder frente a la necesidad de ajustar el presupuesto del hogar rosarino actual.

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