Las pantallas de los comercios locales y los televisores familiares volvieron a encender la pasión futbolera en una jornada repleta de tensión y desahogo general. El triunfo del conjunto nacional impacta directo en el humor de las barriadas, donde se celebra con orgullo cada logro del ídolo surgido de la zona sur.
La victoria por dos a cero frente a Austria permite planificar los festejos del fin de semana con la tranquilidad de tener la clasificación asegurada en el bolsillo. Los hinchas de los clubes de la ciudad vivieron una tarde de emociones cambiantes que terminó de la mejor manera gracias a la jerarquía del capitán.
El partido comenzó con un penal fallado por el delantero rosarino a los tres minutos de juego, una situación inusual que instaló una dosis de nerviosismo en las mesas de los cafés locales. Sin embargo, la reacción del atacante estrella llegó antes del descanso con una definición de zurda tras un pase inteligente de Thiago Almada en el área grande.
Durante la segunda mitad, el cuerpo técnico refrescó el equipo con los ingresos de Julián Álvarez y Nicolás Otamendi para aguantar la presión del rival europeo. En el cierre del cotejo, el diez de la Selección selló el marcador definitivo desatando la locura en el monumento y en las avenidas más importantes de la región.
El histórico doblete coloca al futbolista local en la cima de los goleadores mundialistas, superando los registros de las grandes leyendas del deporte internacional. Las familias del cordón santafesino ya preparan las camisetas para el próximo sábado, esperando otra función de gala frente al seleccionado de Jordania.

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