La Municipalidad pone en marcha las sanciones no económicas previstas en el Código de Convivencia. Quienes cometan faltas graves podrán saldar su deuda con tareas comunitarias o cursos obligatorios, buscando reparar el daño causado a la ciudad en lugar de solamente pagar una boleta.
Si sos de los que reniegan cada vez que encontrás un auto tapando una rampa en la esquina de tu casa o sufrís la doble fila a la salida de las escuelas del barrio, tenés que conocer este cambio en las reglas de juego. Esta medida es clave para el vecino porque busca que el infractor entienda el impacto de sus acciones: ya no bastará con tener la billetera abultada para desentenderse de una falta, sino que habrá que dedicar horas de servicio para devolverle algo positivo a la comunidad.
La nueva Dirección de Educación y Seguridad Vial, bajo la gestión de Gustavo Adda, será la encargada de coordinar estas «probations» urbanas. La idea es simple pero contundente: si alguien obstruye el paso a una persona con movilidad reducida, podría ser enviado a colaborar con instituciones como el ILAR para tomar contacto directo con esa realidad. Es un cambio de paradigma que prioriza el respeto por el espacio que compartimos todos los rosarinos, desde la vereda hasta las sendas peatonales.
El abanico de opciones para los jueces de falta incluye desde talleres de reflexión hasta la posibilidad de pagar la sanción mediante el ejercicio de un oficio o profesión que beneficie al Estado local. Esto equilibra la balanza para aquellos que no pueden afrontar los altos costos de las multas actuales, permitiéndoles resarcir el error con trabajo. Según los datos oficiales, las infracciones más comunes que podrían derivar en estas tareas son el bloqueo de rampas, arrojar basura en lugares indebidos y el incumplimiento de normas de tránsito básicas.
Las estadísticas muestran que la ciudad viene bajando los siniestros viales de forma drástica, pasando de 92 fallecidos en 2013 a 24 durante el último año. Con este nuevo esquema, se busca que esa mejora no dependa solo de las cámaras de videocontrol, sino de una verdadera toma de conciencia. Por eso, además de las tareas comunitarias, se intensificarán las capacitaciones en escuelas y los cursos de manejo para que la convivencia en nuestras calles deje de ser una pelea de «quien llega primero».
En el último año se labraron más de 300 mil actas en la ciudad, muchas por conductas que ya parecen costumbre, como no ceder el paso a quien viene por la derecha. Con el nuevo sistema, estas faltas reiteradas podrían terminar en inhabilitaciones o en la asistencia obligatoria a espacios de reinserción social. El objetivo final es claro: que el respeto se convierta en el valor principal para cuidar lo que es de todos, devolviendo el sentido de comunidad a cada cuadra de Rosario.
El Tribunal de Faltas ya coordina con las nuevas áreas operativas para realizar el seguimiento de estos trabajos comunitarios, asegurando que cada hora dedicada impacte de manera pedagógica en la conducta de los conductores y peatones.

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