Lejos de la paleta gris de la estación, existen variedades que desafían las bajas temperaturas. Claves para elegir plantas resistentes y mantener la floración en balcones y canteros locales.
Con la llegada de los primeros fríos, el imaginario colectivo suele asociar al exterior con la caída de las hojas y el reposo de la naturaleza. Sin embargo, el otoño representa una ventana de oportunidad única para renovar el jardín mediante la incorporación de ejemplares que encuentran en este clima su mejor momento de esplendor, aportando tonos vibrantes cuando el entorno comienza a apagarse.
La clave del éxito para un espacio verde activo reside en la selección de especies rústicas. Entre las más destacadas para nuestra región se encuentran los pensamientos y las caléndulas, que ofrecen una resistencia notable a la humedad característica. Asimismo, los crisantemos, las violetas y el ciclamen (o violeta de los Alpes) surgen como los aliados perfectos para quienes buscan diversidad cromática en macetas o borduras. Estas plantas no solo toleran el descenso térmico, sino que lucen su mejor perfil estético bajo el sol suave de esta temporada.
Para asegurar que el despliegue de pétalos sea constante, los especialistas recomiendan priorizar la luminosidad natural y evitar los encharcamientos, que suelen ser letales en días de poca evaporación. Un truco fundamental consiste en la limpieza frecuente de los ejemplares, eliminando las partes marchitas para redirigir la energía hacia nuevos brotes. Con estos cuidados básicos, es posible transformar el patio en un refugio colorido que se mantenga vital
Cultivar durante los meses fríos permite sostener el vínculo con la naturaleza durante todo el ciclo anual. El otoño, entonces, deja de ser una etapa de cierre para transformarse en el escenario ideal de una renovación botánica llena de vitalidad.

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