El relevamiento oficial correspondiente al tramo inicial del año exhibió un desequilibrio notable en el reparto de los recursos económicos locales. Los sectores de mayores ingresos percibieron montos que superaron de forma contundente los registros de los estratos vulnerables.
La medición determinó que el estrato más acaudalado acaparó el 26,4% de la masa monetaria total, contrapuesto al escaso 3,2% obtenido por la base de la pirámide. Los indicadores estadísticos tradicionales reflejaron un retroceso distributivo frente a los balances presentados anteriormente.
El coeficiente de Gini escaló hasta registrar una marca de 0,442 puntos, evidenciando un salto negativo frente al 0,435 constatado previamente. Las mediciones en los aglomerados urbanos demostraron que la desaceleración de los precios minoristas favoreció selectivamente a los estratos más altos.
En el ámbito laboral, la mitad de los asalariados activos percibió remuneraciones mensuales por debajo de los $900.000 fijados como mediana. Las brechas entre los extremos socioproductivos treparon significativamente, marcando promedios de $2.579.304 para las escalas superiores frente a los escasos $405.245 iniciales.
Finalmente, el reporte estatal ratificó que el 77,7% del sustento de los hogares provino directamente de la actividad laboral formal o informal. Las transferencias de asistencia pública y los haberes previsionales integraron el porcentaje complementario restante de los presupuestos domésticos.

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