Un relevamiento basado en datos del Banco Central advierte que la irregularidad en los pagos aumentó por decimosexto mes consecutivo. El fenómeno expone una brecha creciente entre los sectores productivos que traccionan la economía y el debilitado poder adquisitivo de los trabajadores.
La capacidad de pago de los hogares argentinos atraviesa un momento crítico, con un índice de mora que en febrero escaló al 11,2%. Según estimaciones de consultoras privadas que analizan la Central de Deudores del BCRA, el incumplimiento en los préstamos destinados al consumo familiar no registraba valores tan elevados desde el año 2004. Esta situación se agrava en el contexto de un mercado laboral que muestra señales de fatiga, especialmente en rubros como el comercio y la construcción, fundamentales para el dinamismo de la economía regional.
A pesar de que ciertos indicadores macroeconómicos muestran cifras récord en el Producto Bruto Interno, el derrame hacia los estratos medios y bajos de la sociedad parece haberse estancado. Mientras sectores como la energía, el agro y la minería exhiben una expansión sólida, las actividades que demandan mayor cantidad de mano de obra atraviesan un periodo de debilidad. Esta asimetría se traduce en un incremento del desempleo y en una caída del salario real, que alcanzó en enero su punto más bajo en un año y medio. En términos generales, la irregularidad del sector privado pasó del 6,4% al 6,7%, evidenciando que tanto familias como empresas encuentran mayores obstáculos para cumplir con sus compromisos financieros. Los especialistas señalan que este escenario de «consumo récord» convive paradójicamente con una dificultad sistémica para saldar deudas bancarias y compromisos en billeteras virtuales, profundizando la vulnerabilidad financiera de los sectores asalariados.
La expectativa se centra ahora en la evolución de las tasas de interés y la reactivación del consumo interno como posibles válvulas de alivio para una presión crediticia que no da tregua.

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