La embarcación más querida por los rosarinos está en dique seco en el astillero de la boca del Saladillo. Con nuevos dueños y una apuesta ecológica inédita, el buque funcionará íntegramente con biodiésel generado en la región, reduciendo la contaminación mientras recupera su brillo para los paseos escolares y turísticos.
Actualmente, el barco se encuentra en el astillero Fluvimar, justo donde el arroyo Saladillo desemboca en el sur rosarino, pasando por una revisión técnica profunda. Tres socios locales tomaron la posta para rescatar esta estructura de décadas, trabajando codo a codo con Prefectura para que el casco esté impecable y seguro antes de volver a tocar el agua.
El gran cambio está en la sala de máquinas, donde se decidió abandonar el gasoil tradicional para pasar a un sistema de biodiésel puro. Este combustible se fabrica con grasa y aceites vegetales recuperados de frigoríficos y comercios, lo que permite que el buque emita un 75 por ciento menos de gases nocivos para nuestro medio ambiente y el ecosistema del río.
La puesta en valor incluye arreglos milimétricos en el timón y el casco para evitar vibraciones molestas durante la navegación, garantizando un viaje suave para los pasajeros. Según confirmaron los responsables, la idea es que para el próximo Día de la Bandera el barco ya esté navegando frente al Monumento, luciendo su nueva tecnología de localización y seguridad.
Además de los arreglos en las chapas y la pintura, se renovaron por completo los sistemas de anclas y cadenas para cumplir con los estándares internacionales más exigentes. El capitán a cargo supervisa cada soldadura en la zona de El Mangrullo, asegurando que el Ciudad de Rosario recupere la estanqueidad total que lo caracterizó en sus mejores épocas.
Este proyecto también es un ejemplo de cooperación local, ya que empresas de la ciudad se sumaron para patrocinar el regreso de este gigante del Paraná. Desde firmas de seguros hasta frigoríficos de la zona están aportando para que el barco no solo sea un medio de transporte, sino un símbolo de la innovación rosarina aplicada al río.
Con un consumo mensual estimado en 10 mil litros de energía limpia, el barco deja de ser un recuerdo nostálgico para convertirse en una herramienta educativa sobre la transición energética. Muy pronto, las escuelas y familias de nuestros barrios podrán volver a subir a cubierta, sabiendo que Rosario lidera el camino hacia una navegación mucho más amigable con nuestra naturaleza.
La obra avanza a paso firme en el sur de la ciudad y se espera que las pruebas de navegación comiencen en las próximas semanas antes de su inauguración oficial en junio.

Más historias
La línea MOVI suma nuevos colectivos a GNC para mejorar las frecuencias en los barrios de Rosario
Salud en Puerto Norte: jornada abierta para conocer el Síndrome de Prader-Willi
Alarma epidemiológica por el salto de contagios de psitacosis y leptospirosis