El financiamiento familiar pasó de destinarse a bienes durables para volverse un recurso básico mensual. Un reciente relevamiento técnico confirma un importante nivel de endeudamiento en gran parte de la población trabajadora de todo el país.
La tarjeta de crédito encabeza la nómina de instrumentos utilizados para sostener el consumo diario en los comercios. Gran parte de los usuarios recurre al endeudamiento continuo para hacer frente a la compra semanal de alimentos y medicamentos esenciales.
Paralelamente, las plataformas virtuales y los préstamos personales ganan terreno frente al agotamiento de ingresos reales antes de fin de mes. Esta tendencia refleja un alto costo financiero que impacta de lleno sobre las economías familiares más golpeadas.
Los sectores con menores recursos registran un impacto sensible al tener que refinanciar compromisos asumidos en períodos previos. La imposibilidad de ahorrar obliga a multiplicar los esfuerzos laborales para intentar equilibrar las cuentas del hogar sin caer en mora.
Las consultoras advierten que el crédito ya no representa un consumo futuro sino una herramienta de estricta subsistencia. El panorama evidencia una compleja fragilidad patrimonial que limita las decisiones de gasto de los consumidores urbanos.

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