El combinado patrio superó 3 – 1 a Suiza tras disputar noventa minutos reglamentarios muy exigentes y definir el pleito en la prórroga. Los dirigidos por Lionel Scaloni plantearon un esquema cauteloso que cedió la pelota al rival para buscar lastimar de contragolpe.
El planteo inicial dio sus frutos gracias a una precisa conexión entre Messi y Mac Allister que abrió el marcador de cabeza. Sin embargo, los futbolistas albicelestes retrocedieron demasiado en el terreno de juego, permitiendo que el contrincante creciera en intensidad hasta convertir al arquero Martínez en la figura de la noche.
La insistencia del conjunto europeo dio sus frutos en el complemento con la ansiada igualdad, y ni siquiera la posterior expulsión de un rival logró destrabar el desarrollo. La escasa profundidad ofensiva obligó a la escuadra sudamericana a afrontar un nuevo tiempo suplementario para intentar evitar la tanda desde el punto del penal.
Agotadas las variantes tácticas, emergió la mística del seleccionado para resolver las acciones decisivas sobre el final del alargue. Las apariciones de Julián Álvarez y Lautaro Martínez desataron el festejo nacional y rememoraron históricas batallas ante el mismo adversario en citas anteriores.
El elenco argentino avanzó a la antesala de la gran final pero deberá corregir desatenciones defensivas de cara a las próximas instancias. Los hinchas de la provincia de Santa Fe celebraron efusivamente un triunfo vibrante que mantiene intacto el sueño del bicampeonato mundial.

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