La maestra María del Carmen Colussa analizó las causas profundas del ataque en la Escuela N° 40 y pidió políticas de salud mental inmediatas.
A través de una carta pública, una educadora local cuestionó la soledad de las familias y la falta de preparación del sistema escolar ante la depresión juvenil.
El texto parte de la conmoción que generó el hecho de que un «mejor compañero» fuera el autor del tiroteo, señalando que la planificación del crimen estuvo atravesada por una profunda desorientación emocional. Colussa menciona estudios sobre el impacto de la tecnología en la psiquis adolescente y reclama que las escuelas enseñen a los alumnos a procesar sus vivencias internas. Para la docente, responsabilizar únicamente a los padres es un camino simplista que ignora la responsabilidad de las instituciones frente a una crisis de salud mental que ya es global.
La carta propone integrar la educación emocional como un eje transversal en la enseñanza diaria, permitiendo que los jóvenes encuentren espacios de palabra ante la violencia de las pantallas. El escrito resuena en toda la provincia como un llamado de atención a los ministerios de Educación y Salud, buscando que se brinden protocolos claros de detección temprana para estudiantes en riesgo. El dolor de San Cristóbal se transforma así en una demanda colectiva por recursos profesionales dentro de los gabinetes psicopedagógicos.
El reclamo de Colussa marca un hito en la discusión sobre el rol de la escuela como espacio de contención subjetiva en tiempos de crisis.

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